Las autoridades de Rusia prometieron liberar a mas de cien ballenas que se encuentran retenidas desde el año pasado en la llamada «cárcel de ballenas» que se encuentra en la costa del mar de Ojotsk, en el pacifico norte, después de las numerosas protestas recibidas desde todo el mundo, la intervención de destacados científicos internacionales y las más de 1,5 millones de firmas recogidas por una activista rusa mediante una campaña en la plataforma Change.org.

 Según anunció formalmente esta semana en multitudinaria conferencia de prensa el gobernador de la región de Primorie, donde se hallan las jaulas, Oleg Kozhemiako, «liberaremos a todos los animales en su medio natural. Los científicos del equipo Cousteau y expertos rusos determinarán cuándo y qué especies poner en libertad». Jean-Michel Cousteau, hijo del mítico pionero de la investigación submarina Jacques-Yves Cousteau, ha sido uno de los grandes artífices de la presión sobre Rusia para que abra por fin las puertas del mayor encierro de cetáceos del planeta.

La liberación se hará entre los meses de mayo y junio, cuando algunos de los animales, belugas y orcas, ya llevarán un año en cautiverio y después de que al menos tres ejemplares de beluga hayan muerto ya debido al frío y a las duras condiciones de su encarcelamiento (la cifra de animales muertos durante las operaciones de captura es imposible de conocer pero con seguridad las mismas tuvieron un coste en vidas de ballenas).

Según sus investigaciones, 12 orcas y 90 belugas salvajes fueron capturadas desde junio del año pasado en el mar de Ojotsk para su venta por cifras millonarias a instalaciones zoológicas y lúdicas principalmente de China. El precio por una beluga puede alcanzar el millón de dólares (888.000 euros), y el de una orca de 6 a 10 millones (de 5,3 a 8,8 millones de euros).

Según grupos conservacionistas rusos, Rusia es el único país que sigue capturando a estas especies con objetivos comerciales, y al menos 15 orcas y más de 200 belugas han sido vendidas a acuarios chinos solamente en los últimos cinco años. 

Los animales que han muerto, posiblemente de frío (las jaulas están rodeadas por el hielo en esta época del año y las reducidas dimensiones de las jaulas impiden a los animales moverse lo suficiente para entrar en calor), fotografías tomadas mediante drones por grupos ecologistas locales, como la sección rusa de Greenpeace, mostraban como muchos de los ejemplares sufrían sarpullidos, forúnculos, llagas y manchas, que los especialistas atribuyen a infecciones víricas, bacterianas y micóticas.

La presión internacional y la mala imagen que se estaba dando del país llevaron al mismo presidente ruso Vladimir Putin a exigir al Centro de Adaptación de Mamíferos Marinos a buscar una solución, y la oficina del Fiscal General ha abierto finalmente una investigación por posible comisión de actividades criminales (la captura con fines distintos a los educativos y culturales y la exportación de estos animales constituye un delito).

Fuente: ecoavant.com